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MARCELO BORDESE / PARAISOS BLINDADOS / DIBUJOS

 

Los cuatro conjuntos de dibujos aquí expuestos apelan a escritores: Arrabal, Lautréamont, Mishima y Sade. Hay un hilo conductor que atraviesa la escritura de los cuatro autores: sus obras, en mayor o menor medida, provocaron revuelo debido al uso de recursos literarios y tópicos disruptivos. En efecto, aunque la obra de Sade (cuyos libros fueron incluidos en el “Índice de libros prohibidos” de la Iglesia Católica de la época) y de Lautréamont (sus “Cantos de Maldoror” es un monumento al sadismo y la obscenidad) es ampliamente conocida por provocadora, la de Arrabal y Mishima no queda rezagada. Con este mismo hilo podemos hacer una puntada más fina: Arrabal fue surrealista en sus orígenes y ciertos referentes del surrealismo rescataron la obra de Sade en general y la de Lautréamont en particular, puesto que este último es considerado un precursor de dicho movimiento artístico y literario. De conjunto, la obra de los cuatro escritores apela a lo “anormal” y a las pulsiones no conscientes de las personas. Por eso no resulta casual que Bordese haya apelado a estos escritores para nombrar a sus conjuntos de dibujos, porque su obra está poblada de imágenes inquietantes pero bellas. Un arte que emerge brioso de la oscuridad.

 

 

Oscar Smoje

Director Palacio Nacional de las Artes – Palais de Glace
Ministerio de Cultura de la Nación

MARCELO BORDESE. ESCRITURA DE SOMBRAS Y VISIONES

El divino marqués (Donatien Alphonse François de Sade), el conde de Lautrémont (Isidore Lucien Ducasse), Yukio Mishima y Fernando Arrabal. Decenas y decenas de dibujos generados a partir de la lectura de un grupo preciso de escritores. Sin embargo, no se trata aquí de la tarea de un ilustrador, de alguien que intenta responder visualmente al contenido de un texto dominante. Por el contrario lo informe y el detalle realista se enmarañan para abordar aquello que interesa a Marcelo Bordese. Entonces, casi como un clamor, estallan pesadillas, deseos ocultos, suplicios propios y ajenos, un llanto desbordado del propio Bordese. En ocasiones, como en el caso de los dibujos realizados a partir de Arrabal, quizás la serie más realista, la imagen funciona como memoria de memoria. La historia de España se cuela por los textos del escritor pero también por la memoria del arte en la que Goya fue uno de los primeros en ser atravesado por la guerra. Bordese, como hiciera antes con los tratados de botánica, parece recurrir aquí a los tratados de anatomía. Un conocimiento exacto del cuerpo para infligir mejor el dolor. La tortura revelará así lo inconfesado y la culpa (todas las culpas), apelará al castigo, o el padecimiento (San Sebastián) rondará lo gozoso. Las imágenes cristianas son identidad y castigo.

Toda elección es un señalamiento. Mishima, Sade, Lautréamont, (no casualmente los dos últimos son los autores amados por los surrealistas) son lecturas pasionales: mancha y línea aparecen como un nuevo desbordamiento para los fantasmas y temores más profundos. En los diferentes sepukkos, la serie de los suicidios rituales, los órganos derramados emergen de la materialidad de la mancha de color. A veces el texto sugiere pistas (Vincennes, La Bastille, los lugares de detención del divino marqués) pero el dato es una excusa o una reflexión. Torsión y detalle, lo informe y lo fetal, lo infrahumano. Filamentos de la línea que se vuelven serpientes, revoltijos sanguíneos y los cuerpos son sugeridos o negados por la materia. Carne arrancada a dentelladas y el cuerpo acosado infanta monstruos. Vísceras. Un ritmo de tensiones circulares y núcleos de materia y color que dan cuenta de las heridas, de la rebelión contra un estado del mundo, de la incomodidad del cuerpo propio. Bordese evoca pero también ofrece, casi también ritualmente, un conmovedor retrato de sí mismo.

 

María Teresa Constantin

 
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Del 10 de marzo al 22 de mayo de 2016