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PABLO PIOVANO / EL COSTO HUMANO DE LOS AGROTOXICOS / FOTOGRAFIAS

Curadora fotográfica: Annalisa D´ Angelo
 

Pablo Piovano hizo un imponderable trabajo fotoperiodístico. El costo humano de la acción depredadora de la naturaleza llevada a cabo por la industria en la Argentina es doloroso; y no es novedoso.
Así, la región nordeste hoy retratada por Piovano ya habia sido depredada, tanto a nivel humano como medioambiental. En efecto, en las primeras décadas del siglo XX, el Gran Chaco (Formosa, Chaco, Norte de Santa Fe, Santiago del Estero y zonas de Salta y Tucumán) fue destrozado por la práctica de la explotación forestal llevada a cabo por las empresas de capital extranjero “The Forestal Land, Timber and Railways Co” y “Las Palmas del Chaco Austral S.A.”: un film argentino y varios libros que racontan la historia de la clase obrera dan cuenta de la desertificación por un lado, y de la procreación de generaciones congénitamente malformadas producto de la subalimentación de esos obreros explotados por La Forestal por el otro.
Contemporáneo al costo humano del uso del glifosato en el nordeste argentino, las poblaciones cordilleranas del oeste argentino sufren por el derrame de cianuro de empresas mineras extranjeras como Barrick Gold.
Una ecología social debería ser posible en el capitalismo.

 

 

Oscar Smoje

Director Palacio Nacional de las Artes – Palais de Glace
Ministerio de Cultura de la Nación

PABLO PIOVANO: VER UN EXTERMINIO

Las fotos de Pablo Piovano nos enfrentan a un horror cercano. Y también a nosotros mismos. No hay inocencia que valga después de verlas. Doy vueltas en torno a sus fotos. No, no encuentro las palabras justas para expresar los sentimientos que provocan sus fotos del exterminio causado por el glifosato. Entonces pienso que esta es una de las tensiones que genera una auténtica obra de arte y me pregunto, a la vez, si las fotos de Pablo Piovano son arte o son denuncia. Como arte, de hecho se exponen en museos, galerías, integran catálogos, y desde el ámbito de las exposiciones trasciende la frivolidad. Porque, como denuncia, sus imágenes inspiran su recomendación de boca en boca. Por qué no pensar entonces que pertenecen a una misma clase de expresión creadora, la de un arte poco frecuente en estos tiempos de banalidad y espectáculo, un arte que nace de la necesidad de justicia. En contraposición, acá, en su intimidad, el horror se despliega confidencial en los retratos de los dañados. Es que el tono elegido por Piovano, solidario con los seres afectados por la matanza, no va por el lado del escándalo ni del golpe bajo.

La deformidad de los seres reales remite a los sueños de la razón que, según Goya, engendran monstruos. La razón capitalista, en efecto, ha creado esa chica deforme que gatea, o esos chicos con hidrocefalia y retraso mental. Lo que debe sorprendernos es que no fueron monstruos quienes urdieron el exterminio. Fueron hombres, de carne y hueso, padres de familia. Más de 13.000.000 de víctimas confirman la validez de la denuncia. Y acá una conclusión: lo menos que debería empujar la visión de estas fotos es hacia una política de estado que se haga cargo de las consecuencias del uso del glifosato y castigue a los responsables de tamaño genocidio. Una pregunta: ¿qué le importan estas víctimas a quienes cotizan la soja en Wall Street?

No debe sorprender que la mayoría de los medios suelan bloquear la difusión de estas imágenes. No debe asombrar tampoco que los políticos, comprometidos en enjuagues con las empresas responsables de este crimen masivo, miren hacia otro lado. Pero, a pesar del silencio que impone el poder, el grito de alarma ha comenzado a expandirse a través de las redes sociales.

Sin duda, hay un riguroso cuidado estético en las fotos de Piovano. Su arte tiene la fuerza de estar del lado de las víctimas. Y nos hace sentir vergüenza y culpa a quienes cuando vemos los retratados en sus dramas pensamos en cuestiones como la función del arte. Sin embargo, hay una resistencia que puede formularse. Si nos ponemos del lado de las víctimas, empecemos a sumarnos a los miles que ya están difundiendo esta obra, reafirmándola en lo que es: un secreto a voces. El grito de alarma se propaga. No es un gran gesto, pueden decirme. Pero es bastante más de lo que pueden imaginarse.

Guillermo Saccomanno

 
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del 25 de agosto al 20 de septiembre de 2015